Agarrado a la Raíz

Agarrado a la Raíz

Colombia es un país con muchas fiestas y carnavales. Están los grandes carnavales de Barranquilla, de blancos y negros, o las ferias y fiestas como las de Manizales o Cali. Sin embargo, un poco más alejado de la gran atención y cobertura de estos acontecimientos culturales, se encuentra una de las más antiguas (o la más antigua) fiesta tradicional de los llanos orientales colombianos, me refiero a Las Cuadrillas de San Martín,1 las cuales, según la tradición de la región donde se encuentran ubicadas (San Martín de los Llanos – Meta), se vienen realizando desde 1735 y son el baluarte festivo y de reconocimiento, propio y externo, de la tradición del pueblo.

Hoy en día se celebra el segundo fin de semana de noviembre, aunque, en sus inicios, se celebraba el once del mismo mes, en honor al santo patrono del pueblo, san Martín de Tours. Y esta vieja fiesta terminó por combinarse, luego del periodo de La Violencia, con el Festival Folclórico y Turístico del Llano,2 así como por el proyecto cultural, encabezado por el hoy Colegio Integrado, denominado “Sanmartinidad”3 donde se celebra y se conmemora, digamos, los principales hitos de la cultura sanmartinera (canto, baile, folclor, danza, gastronomía, relatos, dependiendo del programa establecido por la institución cada año).

Foto de: El Tiempo

Sin embargo, este año, debido a la pandemia del coronavirus, el Festival se canceló, las actividades de la sanmartinidad quedaron relegadas a actos de los estudiantes y Las Cuadrillas, a videos en vivo de Facebook (aquí es de resaltar el esfuerzo de la Junta Patronal de Cuadrillas por mantener la expresión viva pese a las circunstancias). No obstante, este quince de noviembre, día en que deberían celebrarse Las Cuadrillas, pese a lo antes dicho, las personas salieron a celebrar, ya en bares, ya sacando sus equipos de sonido y sus neveras portátiles llenas de cerveza, todo, como si estuviésemos en Festivales. Del mismo modo, muchas personas compartieron sus recuerdos de Cuadrillas, de Festivales, de Sanmartinidad, todo, por redes sociales, todos, recordando, con la nostalgia en el cogote, en la flor del cerebro y el corazón. Fuera de las imprudencias, el escuchar la música llanera, el recordar y el sentir el ambiente festivo propio de las celebraciones de estos tiempos, es cuanto menos curioso y, a mi juicio, demuestra que esta celebración está inscrita en el pellejo de los sanmartineros, en nuestro pellejo.

La tradición llanera marca que los parrandos llaneros son de música, trago y baile durante varios días. Hoy, con la facilidad de los equipos de sonido, la gente puede salir y beber cerveza, en remplazo del aguardiente y las bebidas tradicionales, mientras charla con sus conocidos. Los Festivales, como diría Don Alfonso, un conocedor de las tradiciones del pueblo, fungen esa función de parrando a nivel del municipio, cosa que, antes de la violencia, también estaba ligada a la celebración de Las Cuadrillas y ha trascendido a través del Festival, no como algo deseado sino como la apropiación de las gentes sobre éste.

Foto de: El Tiempo

Y hoy, con las festividades pausadas, con la vivencia de la cercanía en la fiesta, truncada, los sanmartineros seguimos pensando y sintiendo que esta es una época especial, que debe celebrarse con bombo y platillo, unos, por la costumbre fiestera, otros, por el reconocimiento del legado cultural de tantas generaciones. Todos (o casi todos), al final, terminamos por sentir ese algo particular cuyo tiempo amerita el festejo de propios y extraños. Está inscrito en el cuero, en la sangre, y es una tradición que, por su antigüedad, seguirá aquí, entre nosotros, sin importar que intervengan las grandes instituciones. Las Cuadrillas son nuestras y hacen parte de nuestra identidad como sanmartineros tanto como nos recuerda no solo la fiesta sino también nuestras vivencias, historias y relatos alrededor de estas fechas.

Sí algún día termina esta pandemia (o al gobierno se le da por comprar la vacuna rusa), la festividad está abierta para todo aquel que quiera venir a admirar y sumergirse en la profundidad de nuestras tradiciones que, si bien han sido afectadas históricamente por el avance implacable de la modernidad, aún mantiene en su corazón la pasión indomable del centauro guerrero.

Dicen que soy antropólogo pero solo soy alguien que le gusta escuchar y escribir historias
José Luis Jaramillo
Antropólogo

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