Las bananeras: Una de las mayores violaciones a los Derechos Humanos antes de los Derechos Humanos

Las bananeras: Una de las mayores violaciones a los Derechos Humanos antes de los Derechos Humanos

Corría el año de 1928; en el municipio de la Ciénaga, Magdalena, trabajadores de la multinacional estadounidense United Fruit Company se reunieron en la plaza del ferrocarril esperando dialogar con el gobernador del Magdalena sobre sus condiciones laborales, el cual nunca apareció. En cambio, llegaron militares a la cabeza del general Carlos Cortés Vargas a ‘controlar’ la huelga por la fuerza…

Foto de: Las 2 Orillas

Bajo el amparo de la ley 69 del 30 de octubre de 1928, conocida entre algunos sectores conservadores como ‘Ley Heroica’ o de Defensa Social, que declaraba la ilegalidad anticipada de cualquier pretensión por la que cualquier obrero tratara de obtener, mediante huelgas o cualquier otro medio “de fuerza”, concesiones por parte de los patronos; tanto la multinacional como el Gobierno, hicieron “oídos sordos” a las peticiones de los trabajadores, entre las que se incluía un aumento salarial, descansos dominicales remunerados, indemnizaciones por accidentes laborales, la construcción de viviendas adecuadas para los obreros de la zona bananera y el poder ser contratados directamente por la empresa y no por subcontratación -lo que hoy en día se conoce como terceros-, ya que a través de estos últimos sólo tenían trabajo por unos cuantos días y se les pagaba con vales y no con dinero. A esto se suma que no contaban con servicios hospitalarios.

La situación se tornó cada vez más compleja, hasta que el 12 de noviembre de 1928 los trabajadores decidieron irse a huelga; la United Fruit Company (UFCO), con algunas influencias en el alto Gobierno, en aquel entonces bajo el liderazgo del conservador Miguel Abadía Méndez, logró que este último movilizara un contingente del ejército, que estaría al mando del general de Carlos Cortés Vargas, y cuyo objetivo era proteger las propiedades de la zona bananera, las vidas de los directivos de la UFCO y el orden público amenazado por los huelguistas, a los que se calificó como “comunistas”.

Lo sucedido entre el 12 de noviembre y el 6 de diciembre de aquel año no tuvo mayor trascendencia en la prensa de la capital del país ni en las capitales departamentales y había diferencias entre lo comunicado por diarios conservadores y liberales.

 

 

Foto de: Colombia Informa

5 y 6 de diciembre de 1928: Un hecho sin precedentes

Para la fecha en que ocurrió la masacre, en la Ciénaga corrieron rumores de que el gobernador del Magdalena concertaría un diálogo con los huelguistas, que ya no solamente eran los trabajadores, sino sus familias, hombres, mujeres y niños; en vista de aquello, decidieron dirigirse hacia la plaza del ferrocarril, pero el gobernador jamás llegó.

En su lugar, apareció en la madrugada del 6 el contingente del general Cortés Vargas, leyendo a los presentes -aproximadamente 2.000 personas- un decreto donde le impedía a los trabajadores reunirse y les tildaba como una “cuadrilla de malhechores”. Si los huelguistas no acataban dicho decreto se daría inicio a los disparos, tenían 3 minutos para abandonar la plaza o de lo contrario la respuesta serían las balas.

Los huelguistas permanecieron inmóviles, gritando arengas. En ese momento los disparos de la ametralladora austrohúngara Schwarzlose de 7mm fueron constantes. El presidente de la República felicitó al general por “salvar al país de la anarquía”, pues la versión que estos siempre manejaron, incluso después de que la noticia se esparciera por la capital de Colombia es que era una “revolución comunista”, situación que fue ampliamente criticada por varios sectores, incluso por el periódico El Tiempo en su editorial del 7 de diciembre:

“No es apropiado todavía llamar revolución, así con esa palabra trascendental que alude al intento de toma del poder con la violencia, el movimiento de las masas borrascosas del Magdalena. Hay una huelga convertida en revuelta, en una revuelta desastrosa que nosotros no podemos, demás está decirlo, aprobar explícita o implícitamente y cuyos incidentes, escenas, y complicaciones perjudican ante los espectadores importantes de esta lucha sangrienta la causa justa de los obreros, el nombre del gobierno, el prestigio que debe ser intocable de las armas de la república, y acaso, desgraciadamente, los más altos intereses del país. Desatada la violencia no es discutible la necesidad de restablecer el orden, y el gobierno principalmente es el llamado a realizar esa tarea. Pero resta averiguar si no hay medidas preferibles y más eficaces que las de dedicar la mitad del ejército de la República a la matanza de trabajadores colombianos a quienes, durante la huelga mantenida hasta hace poco en perfecto orden, hizo exaltar y enfurecer la presencia provocadora de las tropas movilizadas, la sustitución de funcionarios civiles por militares, la certidumbre larga, dolorosamente fundamentada de que la United Fruit Company tiene corrompida y dominada la organización del Estado en el departamento y la mayoría de los estamentos sociales directivos…”.

 

Foto de: Colombia Informa

A partir de esto, el entonces representante liberal, Jorge Eliécer Gaitán, decidió ir al lugar de los hechos, realizando entrevistas a obreros y pobladores de la zona, recopilando un registro fotográfico de cadáveres sin sepultar y de los destrozos en el lugar ocasionados por las tropas de Cortés Vargas, como arrojó dicha investigación, la cual también arrojó un aproximado de 300 víctimas mortales, con posibilidad de ser una cifra más elevada; pues para aquel entonces no existía -y aún no existe- una certeza sobre aquel dato. Hay quienes manifiestan que fueron más de 1.000, pero lo que sí se sabe es que la declarada por el Gobierno, de 9 muertos y la del general, Cortés Vargas, de 13 muertos y 19 heridos estaban muy por debajo de la realidad. Con dicha documentación, Gaitán lideró los días 3, 4, 5 y 6 de septiembre de 1929 uno de los más intensos e históricos debates que se hayan vivido en el parlamento colombiano.

No obstante hoy, después de 92 años de la masacre de las bananeras y 72 años de la Declaración de los Derechos Humanos quedan muchas incógnitas sobre el suceso, desde la participación del Gobierno en medio de un conflicto obrero – patronal hasta la duda de si un hecho como este podría llegar a suceder en nuestros tiempos; un hecho que pese a quedar sumido en una impunidad abismal, pues aún no existía la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) y ninguno de los implicados fue condenado por los acontecimientos, sentó un precedente en la historia del país al ser una de las primeras huelgas laborales de las que se tiene registro.

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